Luce mis sandalias fucsia con flores hawaianas, un pantalón roto en la rodilla y mis gafas de sol aviator style. En una de sus manos, mi antiguo móvil, que funciona sólo para escuchar música, y que se ha convertido, en estos últimos días, en otra de sus grandes pasiones.
Escucha:
- La banda sonora de “El último Mohicano” (mamma, me gusta, mi piace, es bellissima)
- Canto gregoriano de los Monjes de Silos (mmm… bello también esto, me recuerda a un campanario, mi piace mamma).
- Vals de Amèlie (mamma, esto no, es triste. Cambio.).
- La banda sonora de “El último mohicano”, de nuevo y de principio a fin, tres veces seguidas (mamma, mamma, oyes, es bellissima. Sí, amore de mis entretelas, es estupenda, pero ahora cambia o tiro el móvil por la ventana).
- La Flauta Mágica de Mozart, dúo de Papageno y Papagena (pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa, mamma, ¡esta canción llama a papá!)
- El reino del revés, de Rosa León, (mmm, carina, me gusta, pero ahora cambio…).
- Quelqu’un m’a dit, de Carla Bruni (piccolo, ¿pero tú a qué botón le has dado? ¿Qué hace esta canción dentro de mi móvil?).
- Bohemian rhapsody, de Queen… (mammaaaaaaaaaaa, oyes, ¡dicen tu nombre! ¿Mi nombre? Sí, mammaaaaaaaaaa).
- La banda sonora de “El último mohicano”, sí, otra vez, ininterrumpidamente y al menos catorce veces seguidas… (mamma, ésta y basta, sólo quiero escuchar ésta…).
El piccolo es un hombre que vive de excesos. Le gusta el eclecticismo en la música y, hoy por hoy, es el fan número uno de la banda sonora de “El último mohicano”. El problema es que todas sus pasiones terminan convirtiéndose en obsesiones. Y las obsesiones acaban transformándose, inexorablemente, en desesperaciones. Para los demás…
;)


