viernes, 17 de mayo de 2013

El último mohicano


Luce mis sandalias fucsia con flores hawaianas, un pantalón roto en la rodilla y mis gafas de sol aviator style. En una de sus manos, mi antiguo móvil, que funciona sólo para escuchar música, y que se ha convertido, en estos últimos días, en otra de sus grandes pasiones. 

Escucha: 
- La banda sonora de “El último Mohicano” (mamma, me gusta, mi piace, es bellissima) 

- Canto gregoriano de los Monjes de Silos (mmm… bello también esto, me recuerda a un campanario, mi piace mamma). 

- Vals de Amèlie (mamma, esto no, es triste. Cambio.). 

- La banda sonora de “El último mohicano”, de nuevo y de principio a fin, tres veces seguidas (mamma, mamma, oyes, es bellissima. Sí, amore de mis entretelas, es estupenda, pero ahora cambia o tiro el móvil por la ventana). 

- La Flauta Mágica de Mozart, dúo de Papageno y Papagena (pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa, mamma, ¡esta canción llama a papá!) 

- El reino del revés, de Rosa León, (mmm, carina, me gusta, pero ahora cambio…). 

- Quelqu’un m’a dit, de Carla Bruni (piccolo, ¿pero tú a qué botón le has dado? ¿Qué hace esta canción dentro de mi móvil?). 

- Bohemian rhapsody, de Queen… (mammaaaaaaaaaaa, oyes, ¡dicen tu nombre! ¿Mi nombre? Sí, mammaaaaaaaaaa). 

- La banda sonora de “El último mohicano”, sí, otra vez, ininterrumpidamente y al menos catorce veces seguidas… (mamma, ésta y basta, sólo quiero escuchar ésta…). 

El piccolo es un hombre que vive de excesos. Le gusta el eclecticismo en la música y, hoy por hoy, es el fan número uno de la banda sonora de “El último mohicano”. El problema es que todas sus pasiones terminan convirtiéndose en obsesiones. Y las obsesiones acaban transformándose, inexorablemente, en desesperaciones. Para los demás… 

;)


miércoles, 15 de mayo de 2013

Las Redes Sociales antes de Internet


Parte de mi escritorio aún vive en el pasado... Lo tengo todo plagado de twitters y bloggers por todos los sitios y mis picasas están todas descolocadas... ;)

¿Os acordáis cómo era vuestra vida con estas redes sociales?



martes, 14 de mayo de 2013

Pijama ¿party?

Hace días leía en una revista que en nuestro mundo, en nuestro gran y estupendo globo terráqueo, se tienen aproximadamente cien millones de relaciones sexuales al día. Es decir, que justo en este momento en el que tú estás leyendo esto setecientas mil personas están ocupadas en una tarea un pelín más entretenida...

En este estudio no se habla de la hora más popular, ni del lugar más apreciado en el cual damos rienda suelta a nuestras artes amatorias. Lo que sí comentan es que se observa una ligera disminución de la actividad sexual en invierno. ¿La razón? Ahora mismito os la explico yo… Hagamos por un momento memoria local. Visualicemos cómo nos vestimos en los días de invierno para ir a la cama. Bien. Empecemos por nosotras, jóvenes marmotas entumecidas. Chotacabras aletargadas. Nosotras tenemos frío. Mucho. Muchísimo. Si ya castañeteamos los dientes con la brisa de las noches de agosto, imagínate en pleno enero. Es un fenómeno que la ciencia aún no ha logrado explicar. Un misterio de los gordos. ¿La tensión arterial se nos cae en picado? ¿Las hormonas cierran el chiringuito por hibernación? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que nada de babydolls y boas de plumas de marabú o dos goticas de perfume, como decía la Monroe, que en mi caso sería dos chorricos de Nenuco. Nosotras con nuestro pijama de franela dormimos estupendamente. Que sería de nosotras sin nuestro pijama antilibido, obra maestra de la castidad, con su estampado de ovejas y osos teddy. O ese otro con una fantasía de fresas y manzanas, ese que cada vez que te lo pones tu marido no sabe si se ha ido a la cama contigo o con una macedonia. Y es que el pijama de franela horripila al macho, pero complace a la hembra, que así vestida alcanza finalmente la temperatura basal de una estufa a pellet. 
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